En el ecosistema emprendedor solemos asociar el fraude con brechas tecnológicas o fallas de ciberseguridad. Sin embargo, algunos de los casos más sofisticados de los últimos años demuestran algo más incómodo: el verdadero punto de entrada no siempre es el código, sino la vulnerabilidad emocional y estratégica de la organización en momentos críticos de financiamiento.
En 2022, le robaron USD 4 millones a una startup del sector cripto. Todo sucedió después de meses de negociaciones y durante la reunión presencial en Europa en la cual se juntaron para firmar el acuerdo de inversión. En el medio de la reunión, los supuestos inversores desaparecieron con los $4M. No habían compartido claves, ni frases semillas ni números de cuenta. El vector técnico nunca fue completamente esclarecido. Pero el aspecto más relevante no fue tecnológico: fue metodológico. Estas operaciones no se ejecutan en días. Se construyen durante meses.
La sofisticación del fraude: operaciones que maduran en el tiempo
A diferencia de los fraudes tradicionales, este tipo de esquemas se basa en ingeniería social prolongada y construcción progresiva de legitimidad.
En el contexto del fundraising, la ingeniería social en rondas de inversión combina manipulación psicológica, simulación institucional y la introducción de condiciones financieras atípicas en etapas avanzadas del proceso.
Los estafadores invierten semanas, e incluso meses, en:
- Intercambios formales por correo electrónico
- Videollamadas estratégicas
- Documentación contractual creíble
- Supuestos procesos de KYC
- Validación de estructuras societarias
- Participación aparente de ejecutivos senior
- Referencias cruzadas con entidades financieras reales
En algunos casos, este nivel de sofisticación se extiende incluso a la gestión de identidad digital. Se han identificado perfiles que modifican progresivamente su nombre, imagen y antecedentes en plataformas profesionales como LinkedIn, construyendo una narrativa consistente a lo largo del tiempo.
Este tipo de dinámica dificulta la detección de inconsistencias y refuerza la percepción de legitimidad, especialmente cuando se combina con referencias públicas verificables.
El objetivo es generar legitimidad progresiva. La confianza no se exige: se cultiva. Y cuanto más tiempo dura el vínculo, más difícil resulta cuestionarlo.
La vulnerabilidad estructural de la startup en segunda y tercera ronda
Existe un factor crítico que rara vez se aborda formalmente en matrices de riesgo: la ansiedad financiera como variable de exposición organizacional.
Las startups que atraviesan segunda o tercera ronda suelen enfrentar:
- Runway decreciente
- Presión de inversores anteriores
- Dependencia del nuevo capital para sostener crecimiento
- Restricción del mercado de venture capital
- Necesidad de proteger la valuación futura
En ese contexto, el sesgo cognitivo no es ingenuidad sino supervivencia financiera. La evaluación del riesgo queda condicionada por la urgencia.
El pensamiento dominante no es “¿y si es una estafa?”, sino “si esto se concreta, aseguramos el próximo año”.
Esa tensión entre urgencia financiera y expectativa de continuidad es el verdadero punto de vulnerabilidad.
Por qué los falsos fondos apuntan a rondas posteriores
En etapas muy tempranas, el capital suele provenir de redes cercanas o inversores ángeles conocidos. En rondas posteriores, la startup comienza a interactuar con fondos internacionales, estructuras complejas y actores menos accesibles.
Es allí donde:
- El volumen de capital es mayor
- Las validaciones cruzadas son más difíciles
- La sofisticación aparente del inversor aumenta
- La presión por profesionalizar el cierre es más intensa
Los estafadores comprenden esta dinámica. Saben que la startup ya validó producto y mercado, pero aún no consolidó estructuras robustas de gobernanza. El fundador está más expuesto y exigido.
Es una organización en transición: crece en exposición más rápido que en control.
El momento crítico: la “prueba de fondos” y las condiciones atípicas
Tras meses de construcción de confianza, los supuestos inversores proponen estructurar la inversión a través de un crédito capitalizable con una tasa de interés del 5% (un vehículo habitual de inversión). Como parte del acuerdo exigen demostrar solvencia para pagar los intereses de los primeros dos años antes de desembolsar el capital. Y en ese momento surge una solicitud aparentemente razonable:
- Demostrar solvencia
- Mostrar liquidez operativa
- Prefinanciar intereses
- Transferir fondos temporalmente
- Utilizar billeteras digitales para “validaciones”
En el caso internacional mencionado, la empresa creó una nueva billetera bajo su control. Nunca compartió claves privadas ni direcciones. Sin embargo, tras exhibir los fondos disponibles en la billetera desde el teléfono del fundador en una reunión presencial, el dinero desapareció.
En otro caso reciente, una emprendedora argentina fue blanco de un esquema prácticamente idéntico.
Su empresa ya había cerrado su ronda Seed cuando fue contactada por un supuesto fondo internacional que afirmaba gestionar capital de un family office europeo. El proceso se extendió durante un período prolongado e incluyó:
- Reuniones virtuales sucesivas
- Participación del supuesto CEO del fondo
- Carta de intención formal
- Term sheet detallado por USD 10 millones
- Primera reunión presencial en Europa
La inversión era muy tentadora, pero incluía una condición inusual: prefinanciar tres años de intereses en USDT, depositados en una e-wallet a nombre de la fundadora, antes de recibir el capital principal. Además, el contrato debía firmarse exclusivamente en persona en una segunda reunión presencial. Esto generó sospechas y motivó una investigación más profunda. La revisión de antecedentes públicos confirmó que esta estructura coincidía con un patrón de estafa documentado internacionalmente, donde la reunión presencial final es utilizada como instancia para apropiarse de los fondos depositados en la billetera virtual.
La operación no se concretó. Pero el proceso había durado meses.
La reunión física actuó como validación psicológica. Sin embargo, la presencialidad no reemplaza la debida diligencia.
La legitimidad se sostenía en la aparente vinculación del fondo con la entidad bancaria privada suiza Bordier & Cie.
El supuesto fondo utilizaba referencias públicas a Gaetan Bordier y estructuras asociadas, junto con un sitio web profesional, correos corporativos y una dirección física coincidente con la sede de la entidad.
Con posterioridad se confirmó que dicha vinculación no era real y que la identidad y reputación de la institución habían sido utilizadas sin autorización como parte del esquema de legitimación.
La utilización de nombres verificables en registros públicos fue determinante para sostener la credibilidad durante meses y retrasar la detección de inconsistencias.
Red flags en rondas internacionales que no deberían ignorarse en procesos de inversión
Desde una perspectiva de gobernanza y gestión de riesgos, existen señales estructurales que deben activar protocolos internos o instancias independientes de validación:
- Prefinanciamiento de intereses antes del desembolso
- Exigencia de uso exclusivo de criptoactivos
- Firma obligatoria únicamente presencial
- Intermediarios financieros no verificables de forma independiente
- Estructuras societarias con jurisdicciones opacas
- Presión por ejecutar transferencias tras meses de vínculo
- Uso de identidad o referencias públicas de entidades financieras reconocidas sin validación directa
El elemento común no es la sofisticación técnica, sino la condición financiera atípica introducida en etapa avanzada.
Desde una perspectiva de gestión integral de riesgos, la aparición combinada de estas señales debe escalar formalmente al órgano de gobierno o advisory board. Fue el caso de la startup argentina que involucró a sus directores e inversores, quienes ayudaron a detectar el fraude.
Debida diligencia inversa: una práctica aún subestimada
En muchas startups en crecimiento, el proceso de fundraising queda concentrado en el founder o el CFO, sin instancias formales de validación independiente. Esa concentración decisoria aumenta el riesgo de captura psicológica del proceso.
En procesos de fundraising, la startup suele ser objeto de due diligence. Pero rara vez activa una debida diligencia inversa estructurada sobre el inversor.
En organizaciones con mayor madurez en governance, una ronda significativa debería disparar:
- Verificación regulatoria del fondo en su jurisdicción
- Validación independiente con la entidad financiera mencionada
- Investigación reputacional de directores y beneficiarios finales
- Análisis de litigios previos
- Revisión contractual por asesores externos independientes
- Evaluación de riesgo reputacional
No se trata de desconfianza sistemática, sino de control estructural.
La debida diligencia debe ser bidireccional.
Documento técnico complementario
Para organizaciones que deseen formalizar procesos de debida diligencia inversa en rondas de inversión internacionales, Resguarda desarrolló el Documento Técnico 01/2026: Riesgo estructural en rondas de inversión en Latinoamérica, que incluye:
- Modelo MRDD (Modelo Resguarda de Debida Diligencia Inversa)
- Arquitectura preventiva aplicada a Series A y B
- Checklist operativo validado
- Criterios de escalamiento a órgano de gobierno
Acceder al documento técnico
Ingeniería social, gobernanza y cultura organizacional
Estos casos no son fallas individuales. Son brechas de gobernanza.
Cuando el crecimiento supera la estructura de control, la organización queda expuesta. La presión financiera puede desplazar los mecanismos de cuestionamiento interno y reducir la tolerancia al escepticismo.
Aquí la cultura organizacional es determinante:
¿Existe un espacio interno para elevar alertas sin frenar la operación?
¿Existen instancias independientes de validación en rondas relevantes?
¿Se activan protocolos de validación de terceros?
¿Hay criterios formales para identificar condiciones financieras atípicas?
El aprendizaje estructural para el ecosistema
Estos casos permiten identificar un patrón claro:
- Apuntan a startups que ya superaron la etapa inicial.
- Se apoyan en la ansiedad natural de crecimiento post-seed.
- Utilizan identidades corporativas reales o suplantadas para construir legitimidad.
- Maduran durante meses antes de introducir la condición financiera atípica.
- El encuentro presencial funciona como mecanismo de cierre psicológico.
No se trata de ingenuidad. Se trata de vulnerabilidad contextual.
Conclusión: crecimiento sin gobernanza es riesgo
El fraude moderno no ingresa por la tecnología. Ingresa por asimetrías de control en contextos de necesidad.
Cuanto mayor es la presión por capital, mayor es la vulnerabilidad psicológica y organizacional. Las estafas sofisticadas entienden esta dinámica y operan con paciencia, esperando el momento exacto donde la ansiedad supera al escepticismo.
Las startups deben validar a sus potenciales inversores con el mismo rigor con el que son evaluadas.
En Resguarda sostenemos que la prevención comienza antes de la firma del contrato. Comienza en el proceso, en los controles y en la capacidad de cuestionar incluso aquello que parece demasiado bien construido para ser falso.
En contextos de crecimiento acelerado, la gobernanza proporcional al riesgo deja de ser una buena práctica y se convierte en una condición de sostenibilidad.
